El fenómeno Gyaru: Confusión social e influencia occidental reflejadas en la juventud femenina japonesa a finales del siglo XX

Sofía Fernanda Ruiz Montante

Es imposible negar la gran influencia cultural que Japón posee hoy en día, la cual gracias al Internet y a las redes sociales ha llegado a millones de personas en forma de entretenimiento, música, moda, etc. Las subculturas no se quedan atrás. Entre aquella cultura japonesa que ha logrado expandirse fuera de su país de orígen gracias al Internet se encuentra el gyaru, tribu urbana nacida a finales del siglo XX que ha resurgido en años recientes, causando fascinación entre adolescentes y jóvenes adultas, gracias a su estética extravagante y su escandaloso estilo de vida.

¿Qué estaba pasando en Japón a finales de siglo, que llevó a su creación? Este artículo tiene como propósito explorar el contexto social y cultural en el que surge el fenómeno gyaru, entendiéndolo como un producto de circunstancias específicas en un entorno específico, en una época complicada para su país de orígen.

Intervención y choque cultural: tribus urbanas en Japón tras la Segunda Guerra Mundial

La intervención estadounidense a Japón tras su rendición sin condiciones ante las Fuerzas Aliadas respondió a la necesidad de neutralizarlo como amenaza y a las políticas de apoyo hacia los países devastados por la guerra por parte de Estados Unidos (EEUU), con el fin de evitar la expansión del comunismo en dichos países. Al menos durante el conflicto principal, Japón había sido un país muy cerrado al exterior, debido al nacionalismo con tintes fascistas que había adoptado y a su complejo de superioridad en relación a sus vecinos asiáticos. Con la intervención, el país fue obligado a abrirse nuevamente al extranjero, en especial al mismo EEUU que se encargaron de neutralizarlo para luego recomponerlo. Así fue que Japón se volvió bastante dependiente de este y una de sus zonas de influencia principales. Si bien esta intervención duró menos de una década, sentó las bases de la relación entre ambos países más adelante, en lo económico y como consecuencia en lo cultural.

El apoyo económico por parte de EEUU al devastado Japón y la introducción de modelos americanos contribuyó a que la economía japonesa tuviera una recuperación sorprendente y un crecimiento sin precedentes desde los años 60's hasta los 90’s, fenómeno conocido como “el milagro japonés”. Con ello viene la entrada de cultura estadounidense a Japón, que propició el nacimiento de múltiples tribus urbanas entre los jóvenes del país. Aunque a primera vista, dichas tribus eran demasiado diferentes, en el fondo poseían un par de características en común: ropa occidentalizada y desafío hacia las normas sociales japonesas. Un buen ejemplo es el yankii, asociado a la delincuencia juvenil y reconocible por su look americanizado. De esta tendencia surge el gyaru, años después. Cabe mencionar que, si bien para los años 70’s aún no existía dicha subcultura como tal, las bases de su estilo y filosofía ya se estaban estableciendo. Del mismo modo, el término gyaru nació como la pronunciación niponizada de la palabra inglesa girl (chica).

You can love me or hate me. I swear it won't make me or break me (2008). via Wikimedia Commons

De Occidente para Japón: inspiraciones del gyaru

Es hasta finales de los años 80’s que la subcultura gyaru se establece. Al menos en cuanto a la moda, el gyaru es una mezcla de estilos streetwear (moda urbana) japoneses nacidos del choque cultural con el extranjero y de tendencias americanas traídas por EEUU. Se puede mencionar al shibukaji (Shibuya casual) y al bodikon (body conscious) como parte de este fenómeno. El shibukaji, como su nombre lo indica, consistía en prendas casuales, cómodas y resistentes de un notorio estilo americano. Mientras tanto, el bodikon se trataba de prendas ajustadas que enfatizaban la figura del cuerpo en lugar de ocultarla, complementadas con zapatos de tacón y accesorios glamurosos. Estas tendencias encantaron a las jóvenes estudiantes y trabajadoras, quienes las adoptaron rápidamente. A su vez, empezaron a ser comercializadas alrededor del distrito Shibuya en Tokio, el cual eventualmente se volvió icónico para las tribus urbanas en Japón.

Gran parte de la influencia americana llegó por los medios de comunicación. Durante los 80’s la figura de la valley girl, estereotipo basado en mujeres jóvenes de clase acomodada del Valle de San Francisco, se hizo popular. Entre las características que se asociaban a este estereotipo estaban la superficialidad, la extroversión, la falta de inteligencia y la sexualidad activa, cosas que estaban lejos de ser aceptables para la sociedad japonesa. Físicamente, la valley girl era de piel bronceada por el sol californiano, y de cabello rubio o de colores claros, y utilizaba artículos costosos de marca, lo cual coincidía con el auge de las marcas en Japón.

Por otra parte, la cultura afroamericana se hacía cada vez más presente, especialmente en la música con géneros como el hip-hop y el R’n’B (Rhythm and Blues). Las cantantes afroamericanas lucían looks de los más llamativos: aretes de aro, uñas largas y arregladas, y prendas holgadas fascinaron a las jóvenes japonesas lo suficiente como para empezar a adoptarlos. Un gran ejemplo es Namie Amuro (mostrada en la fotografía), cantante japonesa retirada e ícono principal de la escena gyaru, quien se inspiró en cantantes afrodescendientes como Janet Jackson para consolidar su identidad artística. Era tal la obsesión que llegó a existir una rama completa dentro de la subcultura dedicada a imitar el estilo de las estrellas afroamericanas, denominada B-Gyaru (black girl).

Perform at MTV Asia Aid ,Bangkok,Thailand (2005). Sry85, via Wikimedia Commons

Cabello teñido y bronceados: primeras ramas del gyaru

El kogal y el ganguro fueron las primeras ramas del gyaru, surgidas entre finales de los 80’s y en la década de los 90’s. El primero nació entre jóvenes estudiantes de institutos privados que, rodeadas de los elementos que se acaban de mencionar, empezaron a incorporarlos en su manera de vestir, al mismo tiempo que adoptaban un estilo de vida alejado de las expectativas sociales japonesas. La palabra kogal suele ser interpretada como una fusión del japonés koko (instituto) y la pronunciación gal (chica). El uniforme escolar es clave en esta rama: falda corta hasta los muslos acompañada de un suéter tipo cárdigan, así como de calentadores para las piernas o calcetines largos y holgados. Además, las kogal oscurecían su piel con bronceados y teñían su cabello de colores claros, complementando el look con accesorios de marca como bolsos o joyería.

El ganguro viene después, posiblemente como una versión más extrema del kogal. La palabra ganguro viene del término kuro (negro). La característica principal de este estilo es el bronceado y el maquillaje contrastante, que consiste en pigmento blanco alrededor de los ojos, delineador grueso y labial claro. Al conjunto se le suma el cabello teñido de rubio y ropa llamativa de colores vibrantes, acompañadas de accesorios coloridos como broches para el cabello y collares. A comparación del kogal, se puede decir que el ganguro es un estilo más barato y visualmente estridente, que derivaría en nuevas ramas a inicios del siglo XXI.

Two female students, like in cartoons; at Yoyogi Station, Tokyo (2004). Antonio Fucito, via Wikimedia Commons

La juventud japonesa: entre el miedo y lo externo

Es común para las generaciones anteriores de todo el mundo ver a los jóvenes con malos ojos. En el Japón de finales del siglo XX no era diferente. El apoyo de EEUU, si bien ayudó al país a recuperarse tras la guerra, de ninguna manera borró las consecuencias tanto de esta como del régimen anterior. La guerra había dejado a Japón devastado, no sólo material y económicamente, sino que moralmente también. Por años, los japoneses se consideraban un pueblo elegido por los dioses, dirigido por una divinidad encarnada en el emperador, destinado a dominar al resto del continente asiático. En otras palabras, Japón anteriormente había tenido un complejo de superioridad que era parte de su orgullo nacional, y con la derrota ante las Fuerzas Aliadas y la rendición del emperador Hirohito, esa visión del mundo quedó destrozada, resultando en un golpe duro a la moral japonesa. Es natural pensar que durante un buen tiempo, aquello amargó a la población y contribuyó al endurecimiento de la sociedad.

A ello se le suman una serie de sucesos desafortunados que propiciaron el pánico moral en la población japonesa desde los años 50’s y 60’s. Se puede nombrar la aparición de pandillas callejeras formadas por jóvenes, como los bosozoku y las sukeban, o los asesinatos y sucesos violentos que aquejaron al país durante los años 80’s y 90’s, como lo fueron el asesinato de Junko Furuta, el caso del asesino en serie Tsutomu Miyazaki o el grupo terrorista Aum Shinrikyo. Además, la crisis tras el estallido de la burbuja económica japonesa en 1991 estancó al país y lo hizo caer del podio de las potencias económicas mundiales. La población nipona estaba en un estado de alerta constante, y se solía asociar a estos problemas con la entrada del extranjero en Japón, así como la mezcla cultural entre este y Occidente, bajo la idea de que los jóvenes abandonaban la tradición y terminaban podridos al hacerlo.

Shibuya Style (2006). Chalky Lives, via Wikimedia Commons

El sector femenino: estándares de belleza y la mujer ideal

En cuanto al gyaru, si bien era una subcultura como muchas otras, había algo que la hacía especial, y es que sus participantes eran predominantemente mujeres jóvenes, trabajadoras y estudiantes. Así que, es necesario señalar los estándares a los que se enfrentaba el sector femenino de la juventud durante esa época, tanto en lo estético como en lo moral. En cuanto a lo primero, en Japón desde el periodo Heian (794-1185) e incluso hasta el día de hoy, ha estado presente la preferencia hacia la piel clara, casi lechosa. Este estándar nace de la asociación entre el tono de piel y el estatus social, ya que los nobles podían permitirse un estilo de vida en el cual se conservaba la piel clara, ya fuese con productos o simplemente permaneciendo bajo techo sin necesidad de trabajar al sol. El cabello negro también destaca, debido a que era parte de la uniformidad e identidad étnica nipona.

Por el lado de lo moral, el modelo de feminidad japonesa ideal de la época se reforzó a finales del siglo XIX con la Reforma Meiji, bajo el término ryosai kenbo (buena esposa, madre sabia). La mujer perfecta para la sociedad japonesa debía ser devota a su esposa y obediente a su marido, quedando reducida a la esfera doméstica. Hoy en día, esta idea se personifica en el término Yamato Nadeshiko, que se usa para describir a una mujer obediente, sumisa y recatada, dedicada por completo a su familia.

Esta concepción de la feminidad ideal cuadra a la perfección con la reacción del ojo público japonés ante el fenómeno gyaru, al menos en sus inicios, debido a que es el opuesto de todas estas ideas en torno al comportamiento y la belleza. Las ramas tempranas del kogal y el ganguro abandonaron el modelo ancestral de belleza, basado en la piel clara y el cabello negro, en pos de seguir tendencias de origen estadounidense como los bronceados, el cabello teñido o modas consolidadas por mujeres afrodescendientes. Este choque se nota más en el ganguro, puesto que este recibió un repudio bastante fuerte en su época de mayor popularidad. Las chicas ganguro eran vistas por el resto de la población como salvajes en muchos aspectos: apariencia repulsiva, malos modales, bajo intelecto y depravación sexual eran algunas de las cosas que se decían sobre ellas en los medios y entre la población.

El gyaru también rompió con el concepto de la ryosai kenbo o de la Yamato Nadeshiko. Si estos modelos exigían obediencia, humildad, pureza sexual y devoción, el gyaru promovía el salir de fiesta, hablar escandalosamente y tener una vida sexual activa, cosa que no agradó al público general. Como punto final, se puede decir que el gyaru era visto como una manifestación más de la corrupción de la juventud a causa del abandono de la tradición en pos de lo externo, a la vez que alarmaba por ser un fenómeno iniciado por chicas y para chicas en una sociedad con roles de género muy rigurosos.

Historical photo of Shibuya (2003). Davide Pasca, via Wikimedia Commons

Conclusión

A manera de conclusión, se puede decir que el fenómeno gyaru viene de una tendencia juvenil a la formación de grupos sociales que nace en la época posguerra de Japón, como consecuencia del ambiente tan sombrío vivido en el país y de su apertura al extranjero. La influencia de EEUU fue esencial, pues además de ser su fuente de abastecimiento económico, también se volvió uno de sus referentes culturales más importantes hasta el día de hoy. La cultura americana fue bienvenida entre la juventud japonesa, cosa que se llegó a percibir como un rechazo a la tradición japonesa. La sociedad japonesa llegó a asociar la cultura extranjera, en particular americana, con los males que vivía el país a finales del siglo XX, acusando a los jóvenes de abandonar las tradiciones de su pueblo en favor de EEUU, siendo ellos vistos tanto como un sector dañado como dañino de la población.

Esta crítica fue especialmente dura con la subcultura gyaru, debido a que era una oposición directa al modelo de mujer japonesa ideal, tanto en físico como en comportamiento, resultando ofensivo al ser este dichoso modelo parte de la identidad nacional y cultural del país. El fenómeno gyaru es multifacético, al nacer en un contexto geográfico, histórico y cultural complejo, bajo varias influencias y en un sector social reprimido. Aún si no fue su objetivo en un inicio, fue en contra de todo lo que la sociedad japonesa de la época valoraba en una mujer, rompiendo de esa manera con la tradición nacional.

Referencias

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