“Una Gran Unión” Los sindicalistas revolucionarios estadounidenses, los Wobblies


Estados Unidos se ha presentado ante el mundo como la tierra de los libres y valientes, la nación del capitalismo, del progreso y de los justos. Sin embargo, se habla muy poco de los obreros: su historia sindical ha sido marginada durante mucho tiempo, tal vez porque contradice los intereses del gobierno y de los grandes empresarios. ¿Por qué la memoria popular no recuerda a los grupos sindicalistas radicales? Este trabajo aborda la historia de los Industrial Workers of the World (IWW), conocidos popularmente como Wobblies, el sindicato que en 1905 propuso agrupar a todos los obreros en “una sola gran unión” y que, hasta 1920, incomodó al gobierno estadounidense


Prosperidad, progreso y riqueza para “todos”

Tras la Guerra Civil estadounidense, la economía se disparó con los ferrocarriles, el acero y el petróleo. Esto generó la necesidad de conseguir más recursos y nuevos mercados para sostener el crecimiento de la industria, y la respuesta fue el intervencionismo. Hawái fue uno de los primeros casos; en 1893, empresarios y marines estadounidenses realizaron un golpe de Estado, y el gobierno instalado tras el golpe solicitó la anexión, que se concretó en 1898. Ese mismo año estalló la guerra con España. Al terminar, Estados Unidos obtuvo Puerto Rico, Guam y Filipinas, y Cuba quedó bajo su tutela política y económica. Poco después, la Doctrina Monroe fue reinterpretada con el Corolario Roosevelt (1904) para justificar la intervención en Centroamérica y el Caribe. Para inicios del siglo XX, Estados Unidos se convirtió en una potencia mundial.[1]Los grandes empresarios fueron los principales beneficiados de la expansión y del auge industrial, pues acumularon más riqueza y poder. Los obreros, en cambio, no vieron mejorar sus condiciones en proporción a lo que producían: trabajaban jornadas de hasta doce horas, con salarios bajos y en condiciones peligrosas.[2]


El obrero

Los obreros de finales del siglo XIX vivían en una situación precaria, a merced de sus patrones. Las jornadas eran de entre diez y doce horas, con un solo día de descanso, y en algunos casos los patrones exigían turnos de hasta veinticuatro horas. Las leyes que obligaran a los empresarios a proporcionar equipo de protección eran escasas o inexistentes, por lo que fábricas y minas se convirtieron en trampas mortales: los trabajadores estaban expuestos a un riesgo constante con la maquinaria. Si un obrero se lesionaba, simplemente era despedido, pues no había leyes que reconocieran la incapacidad laboral.[3]

El sueldo de un obrero rondaba los 10 o 15 dólares a la semana, una cantidad que no alcanzaba para cubrir los gastos de una familia. Por eso todos tenían que trabajar: las mujeres solían emplearse en fábricas textiles, y los niños en minas y fábricas o acompañando a sus madres, los niños eran los más vulnerables, pues se les encargaban los trabajos más peligrosos.[4] Los migrantes enfrentaban las peores condiciones: sin organismos que los protegieran, se les pagaba mucho menos, y ante la necesidad de conseguir empleo aceptaban tratos injustos, Los patrones aprovechaban esa necesidad y los amenazaban con despedirlos si no aceptaban una reducción de sueldo o más horas de trabajo. Estas condiciones llevaron a los obreros a organizarse. Los empresarios respondieron enviando grupos de choque para hostigarlos y obligarlos a desistir, contratando agencias privadas como los Pinkerton o solicitando el apoyo del gobierno.[5]

Niños obreros estadounidenses a finales del siglo XIX


Los primeros pasos hacia el sindicalismo

A inicios del siglo XX, el malestar obrero volvió a hacerse visible. Emma Goldman, anarquista y feminista, era una de las voces más conocidas de la crítica social, y varios escritores comenzaron a hablar a favor del socialismo y a criticar el capitalismo estadounidense. Según esta crítica, el sistema ignoraba la desigualdad que vivían los trabajadores y llevaba al país a guerras constantes que distraían a los obreros mientras los millonarios seguían enriqueciéndose.[6]

Estas ideas ayudaron a que la clase trabajadora comenzara a cuestionar su situación y a exigir más derechos. Una de las primeras huelgas importantes del siglo XX fue la del carbón de antracita en 1902, en la que los mineros del sindicato United Mine Workers (UMW) exigieron una jornada de ocho horas, mejores salarios y el reconocimiento de su organización. El presidente Roosevelt, ante la presión pública, intervino y obligó a las partes a negociar. Se consiguió una jornada de nueve horas y un aumento de 10% en el salario,[7] aunque no el reconocimiento del sindicato. Fue una de las primeras ocasiones en que el gobierno federal no se puso del lado de los patrones, y eso alentó nuevas protestas y fortaleció el sentimiento sindicalista.

En 1909, las trabajadoras de la Triangle Shirtwaist Company iniciaron una huelga. Eran pocas y marchaban bajo el frío, pero convocaron un mitin masivo en el que acordaron una huelga general. Esperaban que se sumaran unas 3,000 personas, pero finalmente lo hicieron cerca de 20,000. Soportaron el acoso policial y las golpizas de matones enviados por los patrones, y aun así resistieron hasta conseguir mejores salarios y menos horas de trabajo.

Sin embargo, la empresa no cambió las condiciones de sus fábricas. En 1911, un incendio que comenzó en un cubo de trapos dejó atrapados a 146 trabajadores, en su mayoría mujeres jóvenes, en los pisos altos del edificio. Los bomberos no lograron alcanzarlos y la mayoría murió.[8]

John Mitchell, presidente del UMWA, llega a Shenandoah rodeado de una multitud de jovenes


Big Bill Haywood primer lider del naciente IWW

Al demonio el AFL, fundemos otro sindicato

A inicios del siglo XX, el sindicalismo ganaba popularidad entre los trabajadores que buscaban protegerse de los abusos de los patrones. La mayoría de los obreros sindicalizados pertenecía a la American Federation of Labor (AFL), formada sobre todo por sindicatos de trabajadores calificados, en su mayoría hombres blancos. La AFL aceptaba el capitalismo, rechazaba las ideas revolucionarias y socialistas, toleraba la discriminación racial por considerarla práctica y por lo general buscaba llegar a acuerdos con los patrones.

Ante esto, en junio de 1905 se reunieron en Chicago sindicalistas, anarquistas y socialistas, y fundaron los Industrial Workers of the World (IWW), con Big Bill Haywood como su lider. Su objetivo era agrupar a todos los trabajadores en “una gran unión”, sin distinción de raza, sexo ni oficio. Sus miembros llegaron a ser conocidos como Wobblies, “tambaleantes”, aunque el origen del apodo es incierto.

Los Wobblies rechazaban los acuerdos con los patrones porque los veían como una traición al movimiento sindical. Defendían la “acción directa”: que los propios trabajadores iniciaran, dirigieran y resolvieran sus huelgas, sin depender de líderes sindicales ni de políticos, a quienes consideraban traicioneros e interesados. Para ellos, la acción directa era la forma de la democracia industrial.[9]

Muchos de sus militantes compartían una ideología cercana al anarcosindicalismo. Planteaban que los trabajadores no llegarían al poder mediante una rebelión armada, sino paralizando el sistema con una huelga general. En lugar de apoderarse del Estado, pretendían que los propios sindicatos industriales administraran la producción y construyeran una nueva sociedad.[10]


¡Wobblies por siempre!

En sus primeros años, el IWW participó en varias huelgas, como la de los mineros de Nevada en 1906 y la de los aserraderos de Portland en 1907. Obtuvo algunas victorias, pero con frecuencia fue derrotado por los patrones, que recurrían al ejército o a agencias privadas de seguridad.[11] El primer gran éxito llegó con la huelga de McKees Rocks (Pensilvania) en 1909, en la que unos 6,000 obreros de numerosas nacionalidades se organizaron para enfrentar a los guardias de la empresa y a la policía estatal. Tras un choque violento, los huelguistas advirtieron que responderían a cada obrero asesinado, y los patrones terminaron negociando para evitar una escalada.[12] esta victoria mostró que obreros de distintos orígenes, unidos, podían ganar incluso frente a fuerzas privadas y estatales. El IWW atrajo más seguidores y, según algunas estimaciones, llegó a tener cerca de 100,000 afiliados en su punto más alto.

Las autoridades locales y los empresarios no tardaron en atacarlo en la prensa, los tribunales, la policía y mediante guardias privados. Hubo arrestos de Wobblies que apenas se reunían para dar un discurso, y ciudades como Spokane, en el estado de Washington, aprobaron ordenanzas que prohibían los mítines callejeros. La persecución fue tan grande que las cárceles se llenaron de Wobblies. Zinn describe así una de las “luchas por la libertad de expresión” del sindicato:

“El IWW desafió esas leyes. En Missoula (Montana) un área minera y maderera- cientos de Wobblies llegaron en furgones, después de que a algunos se les hubiera impedido hablar. Fueron arrestados uno tras otro, hasta que abarrotaron las cárceles y los juzgados y, finalmente, obligaron a la ciudad a revocar su ordenanza anti-discursos.” (Zinn 2005)

A pesar de esta persecución, el IWW no flaqueó y siguió organizando huelgas. La más célebre fue la de Lawrence (Massachusetts) en 1912, conocida como “Pan y Rosas”, en la que los trabajadores textiles, muchos de ellos mujeres y niños, protestaron porque se les había reducido el salario hasta hacerlo insuficiente para vivir. A diferencia de otras huelgas, el IWW apostó por una táctica pacífica y repartió comida a los huelguistas. Las autoridades respondieron con un toque de queda y amenazas contra quienes se unieran a la protesta. Cuando los niños fueron evacuados de la ciudad mientras se resolvía el conflicto, la policía atacó a las mujeres y niños que partían, lo que provocó indignación en todo el país. Poco después, los patrones cedieron ante las demandas de los obreros para limpiar su imagen, y el IWW salió fortalecido.[13]

Imagen de trabajadores marchando durante la huelga textil de Lawrence.


“Popular Wobbly”

A partir de 1913, el IWW comenzó a sufrir derrotas. La huelga de la seda de Paterson (Nueva Jersey) terminó sin que los obreros lograran sus exigencias, y la presión de autoridades y patrones mostró la fragilidad del sindicato. En esos años surgieron también las canciones de Joe Hill, como The Preacher and the Slave, que mantenían vivo el espíritu del IWW y siguen cantándose hoy. Hill fue acusado del asesinato de un comerciante en Utah y fusilado en 1915; sus defensores sostienen que las pruebas eran escasas, y la condena provocó protestas.[14]

En 1916, una huelga en Everett (Washington) llevó a los Wobblies a su táctica de realizar mítines callejeros para ser arrestados y colapsar el sistema judicial. El sheriff McRae respondió ordenando golpizas contra ellos. El 5 de noviembre, cerca de 250 Wobblies llegaron en barco desde Seattle y fueron recibidos a tiros en el muelle; murieron cinco obreros y dos ayudantes del sheriff, y hubo unos 50 heridos. Los sobrevivientes fueron arrestados y acusados de asesinato, aunque después fueron absueltos.[15] La prensa que estaba siendo apoyada por el Gobierno de Estados Unidos comenzó a presentar al IWW como una organización de “anarquistas terroristas” para dañar su imagen con la población civil.

La cúpula alta ahora estaba mas que decidida en frenarla y con la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, la represión se intensificó. En 1917 se aprobó la Ley de Espionaje, y el IWW, que se oponía a la guerra, quedó en la mira de las autoridades, la ley de espionaje fue autorizada por el fiscal general A. Mitchell Palmer y un joven J. Edgar Hoover, comenzando un terror blanco contra el sindicato, el primero en caer seria Frank Little en Montana, el cual no recibió juicio, fue torturado y ahorcado enfrente del caballete del ferrocarril.[16]

El 5 de septiembre, agentes del Departamento de Justicia allanaron las 48 sedes del sindicato y arrestaron a sus dirigentes. En 1918, unos 101 miembros, incluido Big Bill Haywood, fueron juzgados en Chicago y condenados a penas de hasta 20 años de prisión, Con sus dirigentes presos, muchos miembros abandonaron el sindicato o dejaron de participar[17]. La persecución continuó durante años: en 1919, un desfile del primer aniversario del armisticio en Centralia (Washington) terminó en un enfrentamiento entre Wobblies y legionarios, con varios muertos y el linchamiento de un Wobbly, y varios miembros fueron condenados[18]

Propaganda contra el IWW


“We Shall Not Be Moved”

El IWW propuso organizar a todos los trabajadores, sin importar su raza, sexo u oficio, y por eso fue perseguido con una dureza desproporcionada: huelgas reprimidas, dirigentes encarcelados, ejecutados o linchados, redadas federales y una prensa que lo presentó como una amenaza terrorista. Esa represión, junto con la pérdida de sus principales dirigentes, lo debilitó drásticamente y ayuda a explicar por qué ocupa un lugar tan reducido en la memoria popular estadounidense. Es probable que no fuera la única causa, y en la actualidad, aun así, el IWW no desapareció. Con muchos menos miembros, sigue existiendo hasta hoy, y su recuerdo persiste en canciones y en figuras como Joe Hill o Big Billy. Recordar al IWW es recuperar una parte de la historia de los trabajadores que el relato más difundido sobre Estados Unidos suele dejar en segundo plano. Como suele decirse, solo muere lo que se olvida.


Bibliografía

Clark, Norman H. Mill Town: A Social History of Everett, Washington, from Its Earliest Beginnings on the Shores of Puget Sound to the Tragic and Infamous Event Known as the Everett Massacre (comúnmente abreviado como Mill Town). Seattle: University of Washington Press, 1970.

Escati., Celeste. X Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Rosario: Universidad Nacional del Rosario, 2005.

Grossman, Jonathan. U.S. Department of Labor. 10 de Enero de 2016. https://www.dol.gov/general/aboutdol/history/coalstrike (último acceso: 26 de Mayo de 2026).

Riis, Jacob A. HOW THE OTHER HALF LIVES. New York: Charles Scribner's Sons, 1890.

Verzoni, Angelo. NFPA. 1 de Marzo de 2024. https://www.nfpa.org/es/news-blogs-and-articles/blogs/2024/03/01/the-triangle-shirtwaist-factory-fire-of-1911 (último acceso: 26 de Mayo de 2026).

Zinn, Howard. La otra Historia de los Estados Unidos Desde 1492 hasta el presente. Pamplona: Txalaparta, 2005.

Pie de pagina

[1] Howard Zinn, A People's History of the United States (New York: HarperPerennial, 2005), 221

[2] Zinn, A People's History of the United States, 188.

[3] Jacob A. Riis, How the Other Half Lives (Nueva York: Charles Scribner's Sons, 1890), 124.

[4] Riis, How the Other Half Lives, 124

[5] Howard Zinn, A People's History of the United States (New York: HarperPerennial, 2005), 206

[6] Zinn, A People's History of the United States, 238.

[7] “The Coal Strike of 1902: Turning Point in U.S. Policy”, U.S. Department of Labor, acceso el 26 de mayo de 2026, https://www.dol.gov/general/aboutdol/history/coalstrike.

[8] Ángela Jaimes, “The Triangle Shirtwaist Factory Fire of 1911”, NFPA, 1 de marzo de 2024, acceso el 26 de mayo de 2026, https://www.nfpa.org/es/news-blogs-and-articles/blogs/2024/03/01/the-triangle-shirtwaist-factory-fire-of-1911.

[9] Howard Zinn, A People's History of the United States (New York: HarperPerennial, 2005), 246

[10] Zinn, A People's History of the United States, 246.

[11]   Howard Zinn, A People's History of the United States (New York: HarperPerennial, 2005), 331

[12]   Zinn, A People's History of the United States, 331.

[13] Celeste Escati, “Tres experiencias de organización de mujeres trabajadoras, Knights of Labor, Industrial Workers of the World y el Socialist Worker Party” (ponencia, X Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, Universidad Nacional del Rosario y Universidad Nacional del Litoral, Rosario, 2005), acceso el 26 de mayo de 2026, https://www.aacademica.org/000-006/748.

[14] Howard Zinn, A People's History of the United States (New York: HarperPerennial, 2005), 249

[15] Norman H. Clark, Mill Town: A Social History of Everett, Washington, from Its Earliest Beginnings on the Shores of Puget Sound to the Tragic and Infamous Event Known as the Everett Massacre (Seattle: University of Washington Press, 1970), p 205 - 207.

[16]   Howard Zinn, A People's History of the United States (New York: HarperPerennial, 2005), 334

[17]     Zinn, A People's History of the United States, 363.

[18]     Zinn, A People's History of the United States, 363.