Amor y desamor: paralelos y contrastes del amor novohispano.
Briseidi Sarai Ramirez Cortes
El amor romántico novohispano como la concepción de una superficie introductora de su realidad en la época y el papel que jugaba desde su vivencia, desamores y el castigo en el que se terminó convirtiendo no amar sobre amar mal.
Usando como herramientas para sustentar el tema el libro; Amor y desamor- Vivencias de parejas en la sociedad novohispana y la fuente primaria, el poema Amor Cortés. Princeps II: 5 (14 líneas) Soneto. Que contiene una fantasía contenta con amor decente, Detente, sombra de mi bien esquivo, escrito por Sor Juana Inés de la Cruz.
Con estos dos textos como base, se desarrollaron los conceptos formulados con anterioridad para poder entender el amor de la época desde un cómo y un por qué, procesándolo dentro de la idealización y la realidad, sin ignorar el peso del mismo. No era solo un sentimiento, era un deber, una fantasía construida para la estabilidad, un peso, un castigo para aquellos que no se pudieron acoplar y un privilegio anhelado para muy pocos.
Sánchez Hernández, Jorge. El Divino Narciso. Ca. 1980. Óleo sobre tela. Colección Familia Trauwitz, Las Bodegas del Molino, Puebla, México.
El amor desde una vista contemporánea a la novohispana.
Indagar sobre cómo nuestros antepasados vivieron sus amores y desamores es una tentación indescriptible. Es bien sabido que el amor no tuvo trascendencia en los grandes fenómenos sociales y, dentro de la historiografía, no se ha documentado lo suficiente para explicar aquellas transformaciones de la cotidianidad, ignorando el gran peso que tenía en la sociedad uno de los sentimientos más humanos, el cual es vivido con empeño, ilusión, entrega y dolor.
El amor, en nuestros tiempos, tiene un gran peso emocional y en nuestro desarrollo personal; es una vivencia que muchas veces es de libre elección y, en general, nadie nos dice cómo ni a quién amar, mucho menos esconderlo o vivirlo con miedo. Sin embargo, en lo que alguna vez fue la principal colonia de España, se planteaba un discurso diferente.
Dentro de esa sociedad existió un discurso sobre el amor defendido por la Iglesia católica como el único verdadero y universal. Tal discurso proviene de los textos fundamentales del cristianismo: el Nuevo Testamento. A partir de estos escritos, varios pensadores cristianos ampliaron la concepción del amor: este empieza cuando percibimos la bondad de la persona amada y radica en la fuerza con que este bien nos atrae, alterando y transformando nuestra facultad afectiva.
Descubrimos la felicidad con la persona amada, la armonía y la unión que genera la necesidad de complacer, junto con la más profunda de las alegrías, impulsando la voluntad de jamás perder aquella exquisita riqueza que se ha conseguido, específicamente a la persona amada. En su poema, Sor Juana presenta el amor como una ilusión imposible de retener, donde la fantasía sustituye la presencia real del ser amado.
Así mismo, esto se relaciona con una consideración sobre el amor que procede de la libertad del individuo que acepta construirlo. La libertad está presente desde el inicio del amor y lo acompaña en cada una de las acciones que sostienen su evolución. El amor es un proceso colectivo que involucra toda la vida de una persona y compromete las capacidades del ser humano; el afecto, la maduración afectiva y los riesgos de fracaso que deben ser superados por los amantes. El amor se desarrolla en la cotidianidad y en todos los acontecimientos, tanto grandes como pequeños.
Cruz, Sor Juana Inés de la. “Detente, sombra de mi bien esquivo”. Sor Juana Inés de la Cruz,
El contraste.
Con todo esto, podemos entender que el amor es una empresa aventurada y difícil de realizar y al mismo tiempo es una tarea imprescindible para el ser humano, al ser lo más valioso que este puede poseer; fue creado para amar y solo a través del amor alcanza la plenitud. Es por ello que se construyó de manera institucionalizada, para ser controlado.
Aunque el amor es un acto libre e íntimo, también constituye una decisión social y una forma de integración correcta a la comunidad. En la Nueva España se pensaba que el amor contribuía a la orientación y a los objetivos sociales. El amor de pareja es también un símbolo religioso, utilizado desde la cultura judía como una metáfora para describir conceptos teológicos abstractos. La forma de amar fue estructurada por un sistema jurídico en torno a la Iglesia para regular su práctica, asegurar su desarrollo y prevenir las consecuencias sociales en la sociedad novohispana, lo que permitía al amor romántico ejercerse bajo la institución del matrimonio.
Este tipo de relación era el origen de la familia, aspecto que sostenía de manera fundamental a la sociedad; sin importar su clase social, todos debían ser institucionalizados bajo los mandamientos del matrimonio, la fidelidad y la convivencia.
No todo era la idea pura del amor a Dios y a la pareja: dentro de esta institución también existía el desamor y toda traición que este albergaba. La principal razón era el pecado, pues cualquier pecado lesiona el amor a Dios, cuya manifestación es el incumplimiento de los mandamientos, al tiempo que implica un mal en el alma del prójimo. Una forma de entenderlo es considerar desamor a todo aquello que se oponga al cumplimiento de las normas del bien amar
Esto no significa que todo ese pasado romántico no existiera, sino que los amores bien logrados no siempre trascendían a la memoria ni eran documentados para la posteridad, o bien terminaban en archivos judiciales sin pena ni gloria. Los desamores no eran únicamente la ausencia de afecto, eran versiones defectuosas, enfermas o malogradas, pero amor, al fin y al cabo.
Desamores frecuentes fueron las aventuras adulterinas de los cónyuges —sobre todo de los maridos, quienes, al parecer, no daban mucha importancia al precepto de la fidelidad—. Otro desamor, más propio de las esposas, era la solicitud de divorcio, el cual, aunque permitido por las autoridades, implicaba el abandono del compromiso de construir el amor hasta culminar en la comunión.
La condena de no amar.
Cada uno de estos aspectos se acumula dentro de la vivencia cotidiana del amor y plantea la pregunta: ¿era peor no amar que amar mal? En la época novohispana se consideraba peor no amar que amar mal, el amor y el matrimonio eran vistos como elementos fundamentales para mantener el orden social, religioso y familiar. En la Nueva España, las relaciones amorosas no se entendían solamente como asuntos personales o sentimentales, eran compromisos que ayudaban a conservar la estabilidad de las familias y de la sociedad en general. La Iglesia católica tenía una enorme influencia sobre la vida cotidiana y enseñaba que el matrimonio era una unión sagrada establecida por Dios, por lo que debía mantenerse aun cuando existieran conflictos, desamor o sufrimiento entre los esposos. Debido a esto, muchas personas preferían continuar en relaciones difíciles antes que romper completamente con la idea del amor o rechazar la vida matrimonial.
Dentro de la mentalidad novohispana, el amor también estaba relacionado con el deber y la obediencia. Las personas debían cumplir con ciertas expectativas sociales, como casarse, formar una familia y mantener el honor familiar. El matrimonio no solo unía a dos personas, también a dos familias, y muchas veces servía para conservar bienes, alianzas o prestigio social. Por esa razón, el amor no siempre era entendido como un sentimiento libre o completamente romántico, sino como una responsabilidad que debía mantenerse incluso cuando surgían problemas dentro de la relación. Amar mal todavía significaba cumplir con el deber social y religioso, mientras que no amar o negarse al matrimonio podía interpretarse como una falta de compromiso con la familia y la comunidad.
Las mujeres eran quienes más sufrían dentro de esta estructura social. En la mayoría de los casos dependían económicamente de sus esposos y tenían pocas oportunidades de independencia. El hombre era considerado la autoridad principal dentro del hogar y el responsable del bienestar físico, económico y social de la familia. Debido a esto, muchas mujeres soportaban infidelidades.
Del gran problema al párelo.
Mas blasonar no puedes, satisfecho de que triunfa de mí tiranía— . En este fragmento, Sor Juana deja a la interpretación el sufrimiento amoroso, el cual era considerado parte natural de la vida y muchas veces debía soportarse con resignación. La visión del amor en la época novohispana también estaba influenciada por el pensamiento barroco, que veía la vida como algo inestable y contradictorio. El amor era entendido como una experiencia intensa, capaz de provocar felicidad, pero también dolor, frustración y desengaño. Sin embargo, incluso cuando causaba sufrimiento, seguía teniendo un gran valor porque permitía a las personas experimentar emociones profundas y cumplir con las normas establecidas por la sociedad. Por ello, las relaciones conflictivas o infelices no eran vistas necesariamente como un fracaso total, eran vistas como pruebas que debían enfrentarse con paciencia.
En muchos casos, el sufrimiento dentro del amor era considerado preferible a la soledad o al rechazo de las normas sociales. Permanecer dentro de una relación, aunque fuera problemática, permitía conservar el honor familiar y la aceptación de la comunidad. En cambio, quienes se alejaban del matrimonio o decidían vivir fuera de las reglas tradicionales podían ser criticados o marginados socialmente.
Poco importa burlar brazos y pecho / si te labra prisión mi fantasía.— Esto explica por qué muchas personas permanecían en relaciones llenas de desamor, engaños o conflictos: para mantener las apariencias sociales en paz y sostener la fantasía romántica personal que se estipulaba vivir. Cabe recordar que la estabilidad social y religiosa se consideraba más importante que la felicidad individual.
La literatura novohispana refleja claramente esta forma de pensar. Muchos textos muestran el amor como una experiencia contradictoria, donde el deseo y el sufrimiento aparecen unidos constantemente. Amar significaba arriesgarse al dolor, al rechazo y al engaño, pero aun así el amor seguía siendo considerado necesario e inevitable. La idea de sufrir por amor incluso llegó a verse como una prueba de profundidad emocional y de compromiso con los valores de la época. Esto aprecia Sor Juana a lo largo de su poema, donde deja en claro que el amor era un sentimiento poderoso y difícil de evitar y de acuerdo con los principios cristianos, resultaba peor no amar que amar mal.
Conclusión.
Se ha abordado la idea del amor y su entendimiento como una experiencia compleja y muchas veces dolorosa, pero necesaria para cumplir con el papel que cada persona debía desempeñar dentro de la Nueva España. En la sociedad novohispana se pensaba que era peor no amar que amar mal porque el amor y el matrimonio sostenían el orden religioso, social y familiar. Aunque las relaciones estuvieran llenas de conflictos, sufrimiento o desilusiones, seguían siendo preferibles a rechazar completamente el amor u a vivir fuerade las normas establecidas por la sociedad.
Así mismo, a través de su vínculo con la literatura, en específico mediante el poema analizado a lo largo del texto, es posible interpretar la concepción del amor en esta manifestación artística, su similitud con la realidad y el contraste que se generaba al idealizarlo como una fantasía en lugar de una obligación hasta enfrentarse con el duro golpe de la realidad.
Bibliografía.
Cruz, Sor Juana Inés de la. “Detente, sombra de mi bien esquivo”. Sor Juana Inés de la Cruz,
Obras completas, ed. Alfonso Méndez Plancarte(Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 1951), 245.
Enciso Rojas, Dolores. “Amores y desamores en las alianzas matrimoniales de los bígamos del siglo XVIII”. En Amor y desamor: vivencias de parejas en la sociedad novohispana. Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1992
Ramos Soriano, José Abel. “Era peor no amar que amar mal”. En Amor y desamor: vivencias de parejas en la sociedad novohispana. Ciudad de México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1992.
Sánchez Hernández, Jorge. El Divino Narciso. Ca. 1980. Óleo sobre tela. Colección Familia Trauwitz, Las Bodegas del Molino, Puebla, México.